miércoles, 16 de noviembre de 2016

iD´

Recuerdo que la primera vez que vino hacia mi, tenia el cuerpo tenso y su rostro desesperaba, como si se sintiera culpable por cada minuto que se fue de más. Pensé: Si, sabe lo que quiere pero no sabe por qué lo quiere. Se acercó y me saludo de tal manera que todo parecía natural (como si su cuerpo y el mio se hubieran juntado antes) Si, como la sonrisa que forman sus pequeños labios. No es tan triste como yo, o tal vez aún no conozco su tristeza y eso hace más interesante su existencia. 

Allí se sentó y prosiguió en sus pensamientos, mientras yo buscaba la forma de escaparme de los miedos y de no tropezar con las palabras. Al rato sentí su mirada fija sobre mí y empecé a asustarme. Si, yo. Y es que fue su mirada penetrante la que me desbarató. Tendría que hablar mucho más sobre esa mirada particular pero las letras tiemblan. 

La conversación fue ligera pero profunda. Lo digo por el aroma del ambiente que enjugaba nuestra estancia. Por momentos callábamos... y yo pensaba en qué preguntarle, en qué contarle. Luego comprendí aquellos vagos silencios: lo hacia para mirarme y yo para mostrarme ante esos ojos brillosos de nostalgia perdida, y fácilmente me deje atrapar en su inocencia y fácilmente me empezó a amar. 

No puedo escaparme de esa mirada, lo intento pero su fuego es tan directo que me hace cenizas el alma, y me vuelve a dibujar la silueta cuando dice: ¿Qué pasa? y sonríe. Y yo solo recordaba lo que le dije cuando me presenté:

...y así sucede de repente: que la vida se encarga de presentarte seres inimaginables con solo un suspiro de magia, y se convierte en una nueva historia.

 y suspiraba.


lunes, 14 de noviembre de 2016

La niña.

En el fondo de los miedos, donde los ángeles tienen prohibida la entrada, existe una cueva tan oscura como la noche, en la cual habita una niña con pies descalzos y manos frías. Lino blanco cubre su frágil y pardo cuerpecito , y su rostro unos cuantos rizos. Cuando llegaba la media noche se posaba sobre una roca y con voz atormentada cantaba: las niñas buenas no lloran, es eso lo que la cobardía añora... y se echaba al suelo a contemplar la luna que en sus arullos la hacia dormir. Cuando despertaba encontraba siempre una rosa en su pelo y espinas en sus manos. Inocente creía que los duendecillos eran quienes hacían travesuras mientras descansaba, pero no era así. La niña de voz atormentada no dormía por las noches , la luna la llevaba a su jardín, allí donde crecen rosas con olores que te sientes morir. Su cabeza, de donde provenía la magia que la hacia cuerda en su propia locura, de donde despertaban los únicos demonios que le traían dulzura, los mismos que cada media noche le hacían repetir: las niñas buenas no lloran, eso es lo que la cobardía añora, y en aquella roca la echaban a dormir.

Señora luna, buenas noches,
hoy iré nuevamente a mi jardín, 
si quiere usted le traigo flores, 
esas con aroma a las hadas de la muerte sutil.

Noche XLI

Yo sé que llegará,
amor,
el día en que pronuncie tu nombre
con una sonrisa,
en el que te piense
sin que se me parta el pecho...
y no serás tu un pasado
ni yo un futuro viejo,
será solo el presente intacto
en el que te recuerde,
mientras tanto...
veneno que no matas,
te estoy disfrutando
como solo se disfruta de la brisa
que danzó en el fuego
y no se ha quejado por quemarse.

Imagen sacada de la web.